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El resto del mundo ve diecisiete letras sin sentido. Nosotros, no. Cada letra despierta una palabra que nos corre por la sangre, y ellas acuden como si siempre hubieran estado esperando en fila. Saber leerla no se aprende, se hereda, como el apellido, la camiseta, el mate, el fernet. Y cuando la vemos escrita en una pared, en un papel o en el baño de un bar de Barcelona, sonreímos. No porque sea graciosa. Porque, por un instante, nos sentimos en casa.
DESCARTES
Hay que respetar a los que estudian. Conocí a un pibe que se pagaba sus estudios de filosofía siendo stripper, y tenía una frase que usaba antes de salir a escena, frente al espejo, mientras se aceitaba el pecho: "Pienso, luego excito". Después salía y el muchacho cumplía. Nunca se vio a nadie sostener tan bien una convicción metafísica con tan poca ropa.
INICIOS
Hay hombres que, alcanzada la gloria, reniegan de su pasado. No el campeón mundial de los pesos pesados, que de vez en cuando, al pasar frente a su vieja escuela, descendía de su deportivo y, para recordar sus inicios, les pegaba a los chicos y les robaba el almuerzo. “Vergüenza daría haberse olvidado”, decía. Y se comía el sándwich de un niño de tercer grado.
PROMESA ELECTORAL
El candidato prometió bajar los impuestos, subir los sueldos y construir un puente. Un votante le preguntó cómo pensaba lograrlo. “Primero hay que ganar”, respondió. Ganó. Subió los impuestos, bajó los sueldos e inauguró un puente donde no hay río, con una placa en su honor.
DOBLE VIDA
Mario es fanático de River. No hay trabajo, reunión familiar nI tormenta que le impida estar en la tribuna, cantando y alentando al Millonario. Lo que nadie sabe es que Mario también es hincha de Boca. Por eso, cada vez que juegan los bosteros, se va a la Bombonera a cantar y alentar al rival. Eso sí, en la Bombonera nadie conoce a Mario. Ahí es Marta.
ABUELA
La abuela se convirtió en zombi en mitad de la noche y salió desesperada a buscar víctimas. Al amanecer, estaba hambrienta y frustrada. Se había dejado la dentadura en la mesa de luz.
ME GUSTA
Subí una foto mía sonriendo en la playa. Recibí doce “me gusta”, incluido el de mi madre y el de un perfil que vende zapatillas. Estuve tres días mirando el celular, esperando el número trece. Mi psicólogo dice que necesito aprobación. Le di “me gusta” a su comentario.